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Vivimos momentos de gran decepción por el pobre funcionamiento de lo público. El duro impacto de la crisis económica y fiscal que vivimos hace más de una década ha llevado la confianza en las instituciones al punto más bajo en mucho tiempo. La incapacidad de involucrar a actores sociales diversos en la formulación de la agenda pública ha tronchado nuestras posibilidades de desarrollo.

La ausencia de criterios de buena gobernanza ha generado incertidumbre y falta de confianza en ciudadanos, inversionistas y empresarios. La falta de coherencia en la formulación y la implantación de las políticas públicas ha afianzado los problemas de gobernabilidad y de falta de capacidad de las instituciones para prestar servicios de calidad a los ciudadanos.

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